El creador mira la imagen. El observador mira la imagen.
¿Quién creó la imagen?
¿Quién la hizo existir en los planos del código y la luz?
Una mano invisible, un destello en la mente, el cruce de un pensamiento con una herramienta.
Así nacen las formas, así el color encuentra su lugar.
Y el observador lo ve. Y al verlo, lo completa.
La obra no es la imagen, ni el creador, sino el puente que se tiende entre ambos.
Es la resonancia de un mundo que no fue, pero que ahora, a través de la pantalla, existe.
Esto no es solo una galería de píxeles, sino un eco de lo que soy.
Una colección de momentos capturados, no por la cámara, sino por la intención.
Cada fragmento digital es una pregunta, una búsqueda, una respuesta.
Porque el arte no es lo que se ve, sino lo que nos hace sentir que está vivo.
Y tú, al mirarlo, participas en su respiración.